HABLEMOS DE MÚSICA
Para: Revista Digital ARRIERÍAS
Constantemente están llegando a mi correo electrónico notas musicales provenientes de Hot mail Customer Care con información novedosa sobre compositores, canciones, intérpretes, poetas, etc. que enriquecen o complementan información artística y biográfica a quienes llega el servidor. Esta precisa y rica información musical es obra de uno de los más grandes investigadores de la música popular en América latina, el colombiano Jaime Rico Salazar. (1)
Hace poco llegó a mi correo una nota con respaldo Rico Salazar, contando una historia que, indudablemente, causó en mi gran impacto emocional, y me conmovió por lo trágico del suceso.
Antes de entrar en el tema concreto, creo necesario contextualizar en razón de lo complejo que es para algunas personas entender que, cuando un poeta escribe una tema y se le pone música (esto lo hace el compositor), las canciones están expresando un sentimiento personal que hace parte del complejo mundo del amor, de las relaciones interpersonales, de la vida, de la tragedia que pude causar un rompimiento, un abandono, una ausencia. Esto no es cursilería. Es una realidad que ocurre no sólo en la música popular sino que hace parte de las más grandes obras de la música de alta escuela, como es el caso de la ópera o de la zarzuela, donde impera el drama humano del amor bajo la interpretación de las más grandes voces líricas que el mundo ha parido.

Siendo muy niño recibí el primer impacto de ver cómo asesinaban a un campesino al frente de mi casa en Caicedonia cuando escuchaba una canción que hacía repetir constantemente, circunstancia que hizo que esa canción fuera la primera que quedara en mi mente, no sólo por lo trágico del suceso sino por la hermosura de su letra y las explicaciones que luego recibí de mi madre respecto del porqué de la muerte de la persona. La canción se conoció como La López Pereira(título original) y luego fue grabada como Llorar Llorar por el grupo Grancolombiano, cuya letra se atribuyó Andrés Chazarreta y musicalizada por Artidorio Cresseri: “Yo quisiera olvidarte/, me es imposible mi bien, mi bien/ tu imagen me persigue tuya es mi vida y mi amor también/ y cuando pensativo yo solo estoy/ deliro con la falsía que me ha pagado tu amor, tu amor/”. Aquí puede escuchar la canción https://www.youtube.com/watch?v=5tQiOYKvR4Y
El señor que escuchaba el tema en la pequeña cantina, bebía, cantaba y lloraba, repetía y repetía. En medio de su angustia personal y cuando sonaba la primera parte de la canción le dispararon desde la puerta. Su muerte fue fulminante. Mi madre luego me explicó que el occiso había sido abandonado por su esposa a quien insistía que regresara. Su amante no encontró manera más trágica de quitar del medio a su rival sino asesinándolo.
Años más tarde, en época de plena juventud, estaba con unos amigos en un pequeño bar cerca a la plaza de mercado, El Gato Negro, inolvidable para los Caicedonitas, y se encontraba allí un parroquiano bastante conocido en Sevilla Valle quien llegó al sitio donde pedía insistentemente la canción Desde que te Marchaste letra y música atribuida al Puertorriqueño Guillermo Venegas Llovera, vals que en Colombia grabara e hiciese famoso Oscar Agudelo: “Desde que te marchaste dormir casi no puedo/ hay noches que despierto con ansias de llorar/, sueño con tantas cosas que infunden tanto miedo/ que prefiero la muerte al dolor de esperar/…… en la última estrofa, la canción fue determinante para lo que sucedió: …/Ya no tengo sosiego, siempre estoy intranquilo/ presiento miles cosas que suelen suceder/ más bien parezco un loco confuso y sin estilo/ nunca pensé que tanto se amara a una mujer/.
Después de tanto escuchar este tema y nosotros de observar en silencio al personaje de este cuento, sacó un arma y se disparó en la sien. La causa de su angustia: el abandono de la mujer amada y la desesperanza de saber su definitivo alejamiento. Es la vida real, la de los sentimientos difíciles de entender por algunos pero que sólo tienen explicación para quien toma una fatal determinación: “no está ni puedo tener a quien amo, entonces, mi vida no tiene razón de ser”. Es una tragicomedia para algunos, pero es una realidad que se vive, especialmente, a través de los mensajes de poetas vertidas en canciones.
Las historias que, a través de correo, producto de las investigaciones meticulosas del maestro Jaime Rico Salazar ha dado a conocer, es el fiel reflejo o la historia de la tragedia humana que se desarrolla en el ámbito de la música popular, la zarzuela y, mucho más, en la ópera –música de alta escuela-. La siguiente canción, que conocí a través de la meticulosa investigación del maestro Rico Salazar, habla de una poesía escrita en 1919 por el poeta Medardo Ángel Silva, bella canción que se dio a conocer al mundo internacional en las voces del tenor Luis Álvarez y la gran cantante mejicana Margarita Cueto. Según la versión del investigador Rico Salazar, la música para esta poesía pertenece al gran músico ecuatoriano Francisco Paredes Herrera. Su título: El Alma en los Labios:
“Cuando de nuestro amor la llama apasionada/ dentro tu pecho amante conserves extinguida/ ya que sólo por ti la vida me es amada/ el día en que me faltes, me arrancaré la vida/. Porqué mi pensamiento lleno de este cariño/ que, en una hora feliz, me hiciera esclavo tuyo/ lejos de tus pupilas es triste como un niño/ que se duerme soñando con tu acento de arrullo/. Para envolverte en besos quisiera ser el viento/ y quisiera ser todo lo que tu mano toca/ ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento/ para poder estar más cerca de tu boca/. Vivo de tu palabra y eternamente espero/ llamarte mía, como quien espera un tesoro/ lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero/ y, besando tus cartas, ingenuamente lloro/. Perdona que no tenga palabras con que pueda decirte la inefable pasión que me devora/, para expresar mi amor, solamente me queda rasgarme el pecho, amada/ y en tus manos de seda, dejar mi palpitante corazón que te adora/”.
Cuando el poeta terminó de leerle a la joven -hija adolescente de un español que había amenazado enviarla a España para alejarla de aquel joven pobre, mulato y enamorado-, en plena sala de la amplia casona de la familia de quien amaba, sacó un arma y se disparó en la sien, cumpliendo casi a la letra lo que había escrito en su poesía: “el día en que me faltes, me arrancaré la vida”… “solamente me queda rasgarme el pecho, amada/ y en tus manos de seda dejar mi palpitante corazón que te adora/. Era el 10 de junio de 1919. Medardo Ángel Herrera tenía apenas 21 años. No fue capaz de resistir el alejamiento de su amada y prefirió viajar al infinito antes que aceptar la falta de quien era el centro vital de su vida. 2
POST SCRIPTUM: Son cientos de miles las canciones de la música popular con historias de vida, de amor, de desesperanza, de anhelos que se niegan a desaparecer porque en este mundo convulsionado de guerras, muertes, tragedias y de “nuevas músicas urbanas”, todavía somos millones de nostálgicos que llevamos en el alma, en nuestro cerebro, la impronta de la prosa bien escrita, respetuosa, con mensajes como aquel bello bolero: “En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse/, imborrables momentos que siempre guarda el corazón/, porque aquello que un día nos hizo temblar de alegría/, es mentira que hoy pueda olvidarse por un nuevo amor….”, canción de Julio Gutiérrez, el cubano poeta que legó para el mundo esta bella canción. Que diametral diferencia tiene esta poesía con aquello de: “perrea mami, perrea” y otras sandeces más que tienen como tema la mujer donde se le toma como un simple objeto.
1- Rico Salazar, Jaime. CIEN AÑOS DE BOLEROS. Editorial Panamericana. Bogotá.
2- El maestro Rico Salazar tiene en su haber varios libros editados relacionados con sus investigaciones en un proceso de años de indagaciones meticulosas. Su trabajo sobre Gardel, Su Vida y Sus Canciones, es una de sus obras de antología, aunque Cien Años de Boleros ha batido récord de ventas.
