Definitivamente, lo macondiano o Garcíamarquiano, el llamado realismo mágico es una vivencia intensa y extensa por todo el territorio nacional. Macondo es Colombia.
Muestra de esa visión real de lo cotidiano que raya en lo fantasioso o mítico por sus características es esta crónica:
La Hermana no conoció, o no quiso saber quien fue su padre, a pesar de ser reconocida por él. Siempre se refirió, con orgullo, al papá de sus hermanos maternos, como su verdadero padre.
A los trece años, de padre desconocido, tuvo su primer hijo y como su hermano menor tenía tres meses de edad, hizo las veces de nodriza para ambos niños.
La Mamá tenía un restaurante y una barbería en un pueblo del Centro del Valle y, como su padrastro había muerto en un accidente, ellas, levantaron los hijos y hermanos, todos pequeños.
Por esa época la violencia partidista se tomó al Valle y la chusma arrasó el pueblo, quemó las propiedades de los “cachiporros” y, según ellas contaban, sobrevivieron porque a los tres niños los escondieron en una bóveda del cementerio del pueblo, ahí pasaron la noche siendo protegidos por una figura fantasmal que hacía ronda y que semejaba el padre recién muerto y cubierto por el hábito mortuorio de San Francisco.
Habiendo escapado a otro poblado, la mamá comenzó una romería por pueblos, fincas y cocinas como empleada para levantar sus dos hijos.
La Hermana pronto conoció un tipo pequeño, sin carisma, conocido como “Salamina”, por su lugar de procedencia. Hicieron vida marital hasta cuando él cayó preso por defender a sangre y fuego los pobladores de la región. “Salamina”, se fugó, o salió libre y recomenzaron su vida caracterizada por los azares y la prolificidad.
Los azares comenzaron cuando “Salamina” optó por denunciar y defender a los pequeños dueños de fincas que eran “boletiados”, para que abandonaran sus propiedades, por unas personas advenedizas al pueblo y que con los años serían los gamonales.

Esa lucha del marido le costó hasta dormir en un subterráneo con los hijos pequeños, mientras “Salamina” se atrincheraba en el techo con sus amigos, porque cada noche se pensaba iba a ser la última del compañero y vivir con la certeza de que el próximo muerto iba a ser él.
Casi todos los amigos del marido fueron asesinados y él mismo sobrevivió a 9 atentados, en algunos de ellos, enfrentándose hasta con 4 sicarios a la vez y, aún herido, les hizo frente. “Salamina”, duro de matar, se dio el gusto de morir en la cama, para disgusto de muchos.
La pareja prolífica de la Hermana y “Salamina”, según cuentas, tuvieron 19 hijos, les sobreviven 10, entre los 9 restantes hay dos parejas de gemelos muertos, un gemelo que murió al nacer, una niña muerta por meningitis y tres adultos muertos por diferentes causas.
Hay algunos casos pintorescos con algunos de estos hijos: para el mayor, no había aparato mecánico que no pudiera desarmar y armar. Podía quitarle todas las piezas a una moto y luego rearmarla, teniendo los ojos vendados. Reparaba armas, aparatos eléctricos, motores Diesel, motores fuera de borda, relojes, máquinas de coser y escribir, motos, carros, hacía alarmas, en fin, un mecánico todero que aprendió de “Salamina” el arte de reparar motores para pelar café. Esa mente genial se desperdició por cuenta de las drogas.
Otra hija, tuvo el toque de Midas para la suerte. Cuanta rifa o lotería compraba se la ganaba, hasta el punto que, a su último marido le dejó muchos millones, tracto mulas y casas como herencia para que levantara un hijo de otro hermano que ella recogió. El hijo, tras la muerte de ella, fue expulsado de la casa, y los bienes heredables los está disfrutando el “doctor”.

Los Gemelos, conocidos por ser artistas de la voz y guitarra, en su infancia, grabaron discos y pintaban promisoriamente. Debido a su similitud física, aprovechaban esta característica para intercambiarse las novias y, consciente o inconscientemente, las novias se acostaban con los dos, pues no los distinguían. Se intercambiaban en los salones de clase para responder en los exámenes. Fruto de esas aventuras de Casanova, uno tiene 12 hijos y el otro 8. Y como para Ripley, una hija de uno, es como si fuera melliza con una de las hijas del otro.
La Hermana, fue la Mamá grande en cuya casa se levantaron hijos, nietos, biznietos y aún tataranietos. A todos y, a cada uno los conocía y con su memoria prodigiosa a los 85 años, era una biblioteca de datos familiares de la vida de todos.
Su vida fue macondiana por la felicidad con sus hijos y la existencia de desplazamiento, persecución al esposo y muerte de su Madre, e hijos, le trajeron la nostalgia y tristeza.
Descansa en paz Hermana, la familia que te sobrevive hará lo que sea necesario para que no mueras definitivamente. Esto debido a que una persona se muere dos veces, la primera cuando deja de respirar y la segunda cuando la última persona que la conoció la nombra por última vez.

