Crísis de la caficultura / Por José Emilio Yepez

COLUMNA PALABRA EMPEÑADA

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Hoy, cuando las noticias muestran que el café pasa por un TRAGO AMARGO, y la mayoría de nuestros caficultores tienen sus predios para la venta pues están trabajando desde hace rato a perdida, debido a que el precio de venta del café pergamino no supera los SETENTA MIL PESOS ($70.000), mientras que los costos de producción (recolección, manejo del cultivo y costos bancarios de financiamiento) superan los NOVENTA MIL PESOS ($90.000), seguimos esperamos con angustia las urgentes y apremiantes medidas del gobierno nacional y del ministerio de agricultura y desarrollo rural para que ayude a estos sufridos campesinos a salir avante en este difícil momento.

En países donde se han logrado grandes desarrollos económicos en torno a productos agrícolas, se ha visto que necesariamente el apalancamiento y éxito en el proceso, inicia en las políticas públicas estatales que motivan, acompañan y blindan el crecimiento en el sector económico. Más que una solución parcial o transitoria que se convierten en pañitos de agua tibia, los caficultores esperamos soluciones estructurales.

Vemos con gran asombro e interés comercial, como las ventas de café tostado y en taza, tanto en el país como en el exterior, adquieren cada día mayor relevancia en las actividades económicas del sector alimenticio, pero en nuestro país desafortunadamente,no se nota el estímulo por parte de la Federación Nacional de Cafeteros y del gobierno nacional: no se convoca a los caficultores para recibir capacitación, para generar organizaciones asociativas o para ver efectivos incentivos y lograr así vender nuestro producto de manera procesada y con comercialización garantizada al consumidor final.

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De la web

Se convierte en una situación inverosímil que el organismo rector del grano tenga tarifas impositivas y cobren, a quienes hacen el ejercicio de tostion y comercialización de cafés procesados, por colocar en sus empaques el sello que le pertenece a cada caficultor y que identifica al café de Colombia y, además, no apoyen con la facilitación de otros sellos que logren garantizar una mejor comercialización del grano colombiano en el exterior.

Insisto, si no existen apoyos decididos para darle posibilidad a los cafeteros de convertir su cultivo en un verdadero negocio de proyección internacional, y si el gobierno nacional no toma cartas en el asunto para que el organismo rector sectorial, como la Federación Nacional de Cafeteros deje de ser juez y parte a la vez, veremos al gremio que más desarrollo económico y social ha generado en Colombia, en el renglón agrícola con la debacle más dolorosa en nuestro sentido país.

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