
Adolfo Mejía Navarro.
“Las canciones más bellas de Colombia”
“CARTAGENA” – Bolero
Letra de Leonidas Otálora – Música de Adolfo Mejía N.
“Cartagena, brazo de agarena
canto de sirena que se hizo ciudad.
Y sonoro cofrecito de oro,
reliquia y tesoro,
reliquia y tesoro de la antigüedad.
Eres jarra de sangre de parra
fulgente guitarra de notas sin par.
Cartagena, oración de arena
Virgen Macarena que llora en el mar.
Minarete, fulgor de mosquete
caprichoso arete tallado en cristal
serenata, que olvido el pirata
alfanje de plata, sueño de coral…”
La mejor versión grabada de este bello bolero la hizo Carlos Julio Ramírez.
Sé que también la cantó el Dr. Alfonso Ortiz Tirado en 1949 en un programa de radio, pero no he podido encontrar esa grabación. Alguien la debe tener…
ADOLFO MEJIA NAVARRO
Una vida dedicada por completo a la música fue la que vivió Adolfo Mejía Navarro. Aun cuando la mayor parte del repertorio que compuso, pasillos, bambucos y danzas son instrumentales, también aportó temas inolvidables al cancionero colombiano. Entre ellas el bolero dedicado a “Cartagena”, con versos de Leonidas Otálora Gómez…

En San Luis de Sincé (hoy depto. de Sucre) nació Adolfo el 5 de febrero de 1905 en un hogar donde siempre se respiró ambiente musical. Su padre Adolfo Mejía Valverde fue notable ejecutante de la guitarra y Hernán Restrepo Duque afirmaba que era el autor del famoso porro “Santa Marta”, que firmó el “chico” Bolaños y del que también Crescencio Salcedo decía ser autor. Porro que tuvo una gran popularidad desde la década de los 40s. cuando fue grabado en Buenos Aires por la orquesta de Eugenio Nóbile. Pero antes había sido grabado por Lucho Bermúdez con su orquesta del Caribe, cantando Cosme Leal.
En 1916 se trasladó a Cartagena e ingresó en la Escuela Anexa de la Normal de Institutores y también formó parte de los coros de San Pedro Claver, en donde demostró excelentes condiciones vocales. De su padre recibió las primeras clases de guitarra y por su cuenta consiguió un excelente dominio del instrumento, además había aprendido a tocar el piano y cuando tenía 12 años compuso su primera obra musical que tituló: “Primicias”. Se vinculó como alumno del Instituto Musical de Cartagena y consiguió en 1923 la posición de pianista de la orquesta de Francisco E. Lorduy, cargo que había desempeñado Manuel María Camacho y Cano. También formó parte de la Estudiantina Revollo como guitarrista. En esta época compuso para piano muchos pasillos, bambucos y danzas. Pero su anhelo de profundizar sus conocimientos musicales lo condujo a Bogotá en donde se inscribió en el Conservatorio Nacional.
En 1930 invitado por la Columbia Grammophone Company viajó a Nueva York, en compañía del violinista Ladislao Orozco, conoció a Jorge Añez que lo acompañó con su guitarra en diferentes eventos radiales y además lo acercó al argentino Terig Tucci con el que organizó el Trío Albéniz: Tucci en la mandolina, Antonio Frances en la laudina y
Adolfo en la guitarra y se presentaron con mucho éxito en la NationalBroadcasting Company y en el Waldorf Astoria. Su repertorio era únicamente de tipo instrumental y tocaban música brillante. Dos años estuvo en Nueva York. En 1932 regresó a Bogotá y fue nombrado bibliotecario de la Orquesta Sinfónica Nacional y nuevamente se inscribió como alumno del Conservatorio Nacional.
En 1935 Jorge Añez fundó la emisora Ecos del Tequendama teniendo como socio a Pedro Pablo Martínez. Se vincularon entonces a la emisora Leonidas Otálora Gómez como locutor y Adolfo Mejía como pianista y en aquellos días Leonidas escribió un poema dedicado a Cartagena que musicalizado por Adolfo se convirtió en la primera canción dedicada a la Ciudad Heroica que ha tenido notables intérpretes como Carlos J. Ramírez y Alfredo Kraus.
En 1938 se presentó en Bogotá el Festival Ibero-Americano de Música en el Teatro Colón con ocasión de las celebraciones que se hicieron al cumplir la capital 400 años de su fundación. En la clausura del mismo (agosto 31) Adolfo Mejía ganó el premio Ezequiel Bernal con su obra “Pequeña Suite” en donde combinaba varios ritmos autóctonos en forma estilizada con gran gusto musical.
El premio Ezequiel Bernal le dio a Adolfo la posibilidad de conseguir una beca con el gobierno nacional para consolidar sus conocimientos musicales en París. Viajó con Antonio Mª Valencia y Guillermo Uribe Holguín que ingresaron a la Schola Santorum y Adolfo se matriculó en la Escuela Nacional de Música. Desafortunadamente son los años en los que se desató la Segunda Guerra Mundial y tuvo que abandonar París ante la inminente ocupación nazi. En el norte de Italia consiguió tomar un barco mercante que iba para el Brasil. Travesía que también tenía grandes riesgos por los peligros que implicaban en el Atlántico los submarinos alemanes. Al llegar a este país se embarcó nuevamente con rumbo a Nueva York. En el viaje estableció amistad con otro personaje de la música: el famoso director de orquesta Leopoldo Stokowsky y una buena amistad nació entre los dos.
Regresó luego a Cartagena en 1940 y se vinculó con el Instituto Musical en donde enseñó armonía y estética musical, dirigió los coros Santa Cecilia, la Banda de la Armada Nacional y fundó en 1945 con Guillermo Espinosa Grau, Gustavo Lemaitre Román e Ignacio Villarreal Franco la Sociedad Pro-Arte Musical de Cartagena cuya finalidad sería la de organizar festivales musicales anuales. En estos festivales estrenó varias de sus obras. En 1945 dio a conocer su obra “Improvisación” interpretada por la orquesta Sinfónica de Guatemala, en 1947 con la orquesta Sinfónica de Colombia estrenó su fantasía “Intima I” y el famoso arpista clásico Nicanor Zabaleta le estrenó la obra “Luminosidades de aguas” que Mejía había compuesto expresamente para él.

Casi toda su obra musical fue de tipo clásico: para piano, música de cámara, himnos y en la música colombiana compuso únicamente pasillos: Briceño y Añez le grabaron “Cartagena es buena tierra” en octubre de 1930 (Col. 4354) y la danza “Florinda” en abril de 1931 (Col 4570), “Cecilia” y “Acuarela” y bambucos instrumentales, la danza “Pienso en ti”, los valses “La promesa”, “Vals ruso” y “Anita”, los pasodobles “Aguas vivas” y “Lindaraja”, la fantasía “Gitanerías” y la suite “Danza mora”. Tres boleros más quedaron en su repertorio: “Tú vives en mí”, “Ilusión” y “Te quiero”.
En 1950 después de dirigir la Orquesta Sinfónica de Colombia, en el Teatro Municipal de Cartagena decidió regresar a Europa, para presentar sus obras en varios países. Actuó en España en la Radio Nacional de Madrid y también en París con gran éxito. Al regresar a Cartagena su vida se encaminó en la bohemia social y ocupó mucho tiempo en la enseñanza. Tuvo satisfacciones inmensas en 1955 cuando el entonces presidente de la República, General Gustavo Rojas Pinilla le concedió la Orden Naval Almirante Padilla en el grado de Caballero y en 1970 la Universidad de Cartagena le confirió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades, además el Instituto Colombiano de Cultura le otorgó el Premio Nacional de Música.
Su vida se prolongó hasta el 6 de julio de 1973.