El “Jardín de Freud”/ Por Jesús Antonio Gutierrez

En el año setenta y seis, en los inicios de nuestras labores académicas,siempre nuestros pasos iban y venían por un pasaje  de baldosas bien cuidadas, decorado a lado y lado por arbolitos y flores, que parecían que nunca se marchitaban, y fugazmente nos llamaba la atención un trozo de prado de un color verde muy profundo, que estaba en medio de las flores, esta postal coquetona era un preámbulo a la entrada del edificio de humanidades de UNIVALLE. A veces hacíamos un breve peaje para dar un buen día, un apretón de manos, un piropo a una compañera y otros convencionalismos de temáticas bromistas.

Ese espacio tomó realce a partir de las exposiciones, debates y mesas redondas, que hacíamos en las recintos estudiosos, especialmente en el área de Psicoanálisis con los hermanos Navarro, y por supuesto sus efectos cobijó  las demás áreas, en la guitarra poética del profe Ramos que acompañaba sus abstracciones retóricas, la Semiótica de Leyda Viveros, los argumentos literarios de Carmiña Navia y del poeta Quintero, la Gramática Transformacional con Roso, la estructura del relato con el profe Serrano y con Gustavo Gardeazabal en su literatura colombiana, no muy cómodo cuando le aplicábamos estas decodificaciones metalingüísticas a la narrativa romántica  de Jorge Isaac, la poesía del “Tuerto” Felipe, al bardo, autor de Gotas de Ajenjo, Todo Nos LlegaTarde, Mis Flores Negras… Talante epistemológico que respeté, además sus clases eran geniales, y todavía guardo en un espacio de mi infanta biblioteca, algún trabajo que le hice sobre Julio Flores, donde saqué un cuatro con ocho, abajito lo acompañaba una notica referente al aspecto semiótico, con cierto sentido mordaz, creo que no me colocó el cinco (jaja) por estas innovaciones lingüísticas y narrativas que por esa época eran movimientos epistemológicos frente a la “óptica tradicional” dela gramática y análisis literario que sigue vigente en el pensum de español de los colegios…

Una tarde, mis compinches de estudio, “Tasceche” y Alberto Esquivel (dos amigos unidos al mío, cuya mira era ir más allá del aspecto pedagógico), simplemente no rozamos el potrerito sino que nos sentamos en su césped al estilo de alguno de nuestros aborígenes, por supuesto sin su majestad y finura  (y si fumando la pipa literaria), y a partir de ese instante nos apropiamos de este espacio, no fuimos solamente los tres, con el avanzar de los días,  nos cortejaron  colegas de clase y otros que estaban en semestres anteriores y posteriores al nuestro. Allí hacíamos la reconstrucción  de los temas vistos en clase  a través de discusiones semánticas (como aludí anteriormente), y como se tocaba a menudo apartes de la obra de maestro del psicoanálisis, resolvimos por decisión unánime, bautizarlo el “Jardín de Freud”.

Este bello paraje no solo sirvió como un laboratorio de estudio al aire libre sino que una tarde, mi compañero Alberto Esquivel, se montó en la máquina del tiempo y nos trajo pasajes de la edad media, pues se convirtió en un bufón, en un juglar, primero recito un romance, luego dio tres vueltas en tierra, mejor que acróbata de circo, en un desliz de la acción casi se desnuca, pero se levantó  con altives y dolor, pero una suela de sus zapatos si descabezó (fue la única víctima  en diez semestres) una flor que bordeaba la callecita, a estas acciones se agregaron otras con actantes diferentes, declamaciones, sonar de cuerdas, flautas, cánticos, palabras y ojos curiosos de alumnos de otras carreras.

Este espacio,  el “Jardín de Freud” y nuestra aula de estudio fue una  comunicación mutua, reciproca, enriqueció nuestro intelecto, Freud y su teoría fue  fundamental para decodificar cualquier género literario, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, fue una mirada de ver y expresar la existencia del ser humano en su vivirexterior e interior, es uno de los eventos que tenemos de ver las raíces de nuestra producción, los anhelos, de los sueños y de las fantasías.

Sé que los años han pasado, pero me aferro (lo mismo hará “Tasceche y Alberto Esquivel, y también aquellas promoción de los años ochenta) a lo verosímil,pues no olvidamosese espacio verdoso matizado de flores, donde sembramos tantas producciones semánticas frente a la laborepistemológica literaria, y espero que haya sido cultivada por muchos de nuestros herederos de Letras-Español-Literatura.


Jesus Gutierrez 

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