Decálogo para aspirantes a cineastas / Por Ernesto Días R.

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Esta nota es producto de una reflexión profunda acerca del oficio que amo, al que le he dedicado más de 45 años y al que se dedican 2 de mis 4 hijos: Paloma y Sebastián y varios de mis más queridos amigos. A todos, con cariño:

  1. No harás cine solo por vanidad, por participar en festivales, por la ganancia o por el prestigio. Procura hacer películas que quieras hacer y en las que tengas algo importante que decir. Las obras son, esencialmente, una expresión del alma y la mente de su autor.
  2. Si no lo tienes claro o completo en tu cabeza, permite sin angustia la «maduración» de tus proyectos. Déjalos un rato «en el tintero» y al volverlos a ver, serán diferentes. No corras como un loco detrás de globos de aire, pero tampoco pierdas el entusiasmo ante las dificultades.
  3. Recibe humildemente las críticas. El público, sobre todo el «entendido» es duro, a veces cruel y «mala leche». No se puede satisfacer a todo el mundo. Pronto aprenderás a “conectarte» con el público, o mejor aún, a «conectarlo» con tu obra.

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  1. No ignores que el talento ni se hereda ni se compra. Se honesto para reconocer tus falencias y tus límites, no hace falta que se los digas a nadie, solo a ti mismo. Es mejor y menos frustrante ser un buen asistente que un mal director. Investiga y estudia con ahínco toda tu vida. Se termina de aprender cuando se cree que se sabe.
  1. Cuídate de las falsas expectativas. Que no te ganes un «premio» o «galardón» no te hará un mal realizador o director (ganarlo tampoco te hará uno bueno), pero la amargura y la frustración o la soberbia y la vanidad, si que te pueden hacer una mala persona.

Rollo

  1. No menosprecies la experiencia ajena, la sabiduría popular o el trabajo de otros. La mayoría de los «grandes» no asistieron a la escuela de cine. Todos ellos dicen que vieron todo el cine que pudieron (que otros hicieron), leyeron todo e investigaron todo (lo que otros escribieron) acerca del medio y de los temas que eligieron. Sobre todo, escucharon a los que ya habían hecho algo.
  1. «No pretendas correr sin saber caminar». Hacer una película es un proceso complejo, pero no tiene por qué ser complicado. Se puede hacer cine sin saber mucho de ello y eso, desgraciadamente, se va a notar. Rodéate de gente profesional o que quiera serlo, que se tomen en serio lo que hacen, eso también se notará. Aprende las técnicas, investiga los temas, establece las premisas y no traiciones la historia, sobre todo, no insultes la inteligencia del espectador. Si quieres un público con criterio, haz cine con criterio.
  2. Si la inspiración no te llega fácil, que cuando llegue, te coja trabajando. El cine es 1% inspiración y 99% transpiración. Participa, trabaja y colabora con toda tu voluntad, honestidad, pasión y energía, en cuanto proyecto de cine se te presente. La experiencia adquirida es más valiosa que un salario. La mejor maestra es la curiosidad. Pero lo que te lleva al conocimiento son la disciplina y la autodeterminación.

cámara

  1. Cuando se hace una película, se hacen como mínimo cuatro: La que se piensa, la que se escribe, la que se rueda y la que se edita. La mayoría de las veces, no se parecen mucho. Pronto aprenderás que el tiempo, el dinero, el clima y otros factores, también son protagonistas de tus proyectos e influyen en el resultado de tu obra. Se cauto, cuando elijas a la gente que te va a ayudar, puedes estar eligiendo los problemas que vas a tener.
  1. El cine es un arte aparte y el arte no es ni bueno ni malo, es arte o no lo es. El cine también es una industria y una fuente de trabajo para muchos, en algunos países, hace parte de su economía y si lo escogiste como proyecto de vida, también será parte de la tuya. El cine no es una «logia secreta». De tí depende que eso que llaman rosca, no lo sea. Dale a otros las oportunidades que tu tuviste o las que quisieras haber tenido. Sobre todo, si alcanzas el éxito, compártelo. Ninguna película se hace sola. No hay «Onemanteam» en el cine.

No pretendo ser un «erudito» en la materia. Solo es mi deseo compartir generosamente parte de lo que la vida en mi trasegar me regaló: el privilegio de vivir de lo que hago y disfrutarlo, de levantar una familia con dignidad y responsabilidad y de paso, conocer y compartir con gente maravillosa que también me enseñó generosamente lo que sabía.

Con los años es mas fácil ser humilde. Eventualmente se vuelve obligatorio ya que la madurez evidencia que toda vanidad siempre es fútil. El arte, como el trabajo honesto, se defienden solos.

Un abrazo para todos.

Camara cine


Ernesto Diaz

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