Palabra empeñada

Veíamos en la entrega anterior, como la caficultura en el Valle del Cauca ha decrecido de manera preocupante y se ha notado, de manera especial, la profunda crisis en el necesario relevo generacional para que esta honrosa y estratégica actividad económica y social, siga produciendo la riqueza que tanto le ha aportado al país.
Y muy a pesar de que los bajos precios del grano en el mercado internacional y la falta de política pública nacional ha desestimulado este ejercicio agropecuario, algunas regiones del país han podido sopesar esta difícil situación.

En los departamentos de Quindío y Risaralda aparece, en los últimos veinte años, una gran oportunidad de desarrollo turístico, muy a pesar de la reducción en la producción del grano, pero generando oportunidades de promoción del café de estos orígenes, recorridos turísticos por las finca cafeteras, oportunidad de comercialización del café directamente en la taza y el importante reconocimiento por parte de la UNESCO de esta actividad como PATIMONIO DE LA HUMANIDAD, mostrándole al gremio, entre otros, un salvavidas en esta inestable actividad económica.
En los departamentos de Antioquia y Caldas se impone el arraigo y sentido de pertenencia de esas tradicionales familias cafeteras, dándole continuidad y mejoramiento a la actividad del cultivo y comercialización del grano, reflejándose en la prosperidad de las pintorescas y agradables poblaciones de esta región del país.
En los Santanderes el panorama no dista mucho al del Valle del Cauca.
En la sierra nevada de Santa Marta, por su posición geográfica y por la ascendencia de sus habitantes, se ha convertido en una caficultura diferenciada, distinguiéndose la agricultura orgánicacon estructuras de producción familiar y étnica, logrando obtener un mayor valor para el grano de este origen.

Y en el sur del país, Cauca, Nariño, Tolima e Huila una caficultura muy distinta a la del resto del país…..familias enteras y asociaciones cooperativas interesadas en la entrega del mejor grano del país, ampliación considerable en nuevas áreas de café, posicionamiento en la cultura del buen café y relevo generacional con responsabilidad, han logrado que Colombia permanezca como uno de los principales productores de café en el mundo, conservando el reconocimiento del mejor y más suave café del planeta.
La caficultura en el país seguirá siendo el primer renglón agrario que genera estabilidad social, laboral y económica; pero desafortunadamente la política pública de los gobiernos y el desacertado manejo de la Federación Nacional de Cafeteros han limitado el crecimiento y proyección internacional del producto insignia de Colombia.
Sin embargo, muchos caficultores seguimos creyendo que el café es una gran bendición de Dios.