Por qué la caficultura en el Valle del Cauca viene en crisis (Parte 1) / Por José Emilio Yepez Rivas

En nuestro país y de manera particular en nuestro Valle del Cauca, los campesinos agricultores han sido los grandes héroes forjadores de desarrollo económico y estabilidad social, representando la pujanza, honradez y tesón propio de una casta bravía respetable y admirable.

Y entre estos agricultores, destacan los aguerridos y honorables caficultores, que sin lugar a duda, han sido los que en mayor cantidad y calidad, han aportado de manera directa, al bienestar de más de 30 municipios de nuestro departamento.

Desde tiempos memorables, y más exactamente a mediados y finales del siglo XX, los caficultores aportaron desarrollo entre otros, en infraestructura educativa, vial, eléctrica, hidraulica y de divisas del país, donde el grano del café fue la principal fuente de ingresos en la balanza comercial nacional y el principal generador de buen empleo agrario.

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Muchas de nuestras familias caficultoras vallecaucanas fueron producto de la ola colonizadora antioqueña, que con su gesta de arrieros , forjaron solidez económica en medio de un país que centraba su esperanza de desarrollo en el campo; familias numerosas que consolidaban el desarrollo de las áreas rurales de los municipios, con grandes y copiosos núcleos familiares dedicados a la labor del grano, generando riqueza y crecimiento en las poblaciones vallecaucanas, que se vieron beneficiadas, inclusive,  en el movimiento paralelo que esta actividades generaba, como la bancaria y comercial,y que empezaba a desarrollar la nueva gran nación cafetera.

Y en medio de esta consolidación gremial y cultural en torno al café, se empezaron a generar excedentes económicos familiares muy importantes que fueron forjando la migración de estas familias a los cascos urbanos. Empieza a hacer “carrera” la frase de estos fogueados colonizadores a sus hijos donde se decía a viva voz “ESTUDIE MIJO(A) PARA QUE NO LE VAYA A TOCAR TAN DURO COMO NOS TOCO A SU MAMA Y A MI”,  y donde inclusive se amenazaba y castigaba a esos hijos desaplicados en su labor educativa con el trabajo más forzoso en la finca cafetera.

Sin querer, esas incipientes empresas agropecuarias cafeteras, se veían amenazadas en su consolidación de permanencia en el tiempo, pues muchos de los hijos de esas familias cafeteras, que en otrora vivían en el campo, hoy estaban direccionados a ejercer una actividad distinta a la de ser caficultor desde la ciudad.

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Para los años 90 se presenta lo inesperado: se acaba el pacto internacional de cuotas para el café con sus nefastas consecuencias para un gremio que estaba dirigido y dominado por una organización que negó a los caficultores, de nuevas oportunidades comerciales nacionales e internacionales con el producto estrella del país: EL CAFÉ.

Y como consecuencia, el otrora negocio prospero para el país y el gremio pasa a tener épocas de vacas y muy flacas……el monopolio ejercido por la Federación Nacional de Cafeteros y su desacertado manejo comercial, la castración para que muchos caficultores tuvieran la posibilidad de la ampliación en oportunidades comerciales limitando la competitividad con el grano, la falta de políticas gubernamentales para el sostenimiento, de esta labor agronómica y social (ausencia de control en el precio de insumos, contrabando en el ingreso de subproductos de café, falta de precio competitivo de sustentación, etc.), el cambio climático, la ausencia de políticas gremiales oportunas de investigación para superar la presencia de plagas, y, la falta de empoderamiento de los sucesores en el negocio,hizo que muchísimos campesinos terminaran en el empobrecimiento de sus actividades.

Hoy el Valle del Cauca ve en muchos de sus caficultores, unos agricultores destinados a desaparecer y entrar a formar parte de esos cinturones de miseria que tanto afecta muestra ya lacerada sociedad.

Próxima entrega: ¿Y qué ha pasado en otros departamentos?

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