Mascota / Por Jesús Antonio Gutiérrez

 

Le huye atemorizado a cualquier tipo de ruido y a las voces no familiares    e incluso a algunas proles  que  entran en casa.

gato

Luego que se han ido, sale debajo de mi cama o de un  cuartito de mi armario donde duermes gran parte del día, y vuelves a tu aparente calma sin olvidar tus miaus lastimeros, tus lamidos en mi cara, luego te alejas de mis manos también mimosas, y asumes tu posición de esfinge junto a la ventana, y con tus ojos tristes, observas el avanzar de ese pedacito de día que te queda y toda la noche.

Por todos los medios sensibles he querido que seas una mascota abierta, pero sé que a ratitos no olvidas las manos que te apartaron recién nacido de tu familia, y te hayan tirado vilmente a una espesura  que lindaba con una calle, cuyo marco musical caótico era el constante pasar de ruidos de motores y peatones impávidos, sordos a sus lánguidos miaus, por eso ama mis manos (aunque con cierto resquemor quién sabe hasta cuándo), que te recogieron, y te ofrecieron apoyo, ternura, amparo, dándote una segunda oportunidad de vida y que tú me devuelves con tu apego  singularmente meloso.

Deja un comentario