Para quienes, por gusto, o por esencia de vida hemos dedicado muchos años a promocionar la defensa de los recursos naturales y a cuidar las cuencas de los ríos, vemos que cada día se expide más legislación, se hacen más pronunciamientos y participamos en marcha, pero nada de eso ayuda a frenar de verdad la degradación constante del recurso. Es entonces cuando uno comienza a generar pensamientos de cómo salir de tanta irresponsabilidad, por qué continuamos actuando de manera reactiva.
Nosotros los colombianos no hemos logrado encontrar el camino hacia la sostenibilidad, por ejemplo, en la ciudad de Santiago de Cali, hace cien años los concejales de la época – y cuando la ciudad no llegaba a los 50.000 habitantes- expidieron un Acuerdo municipal para atender la preservación de la cuenca del río Cali y las quebradas existentes en los Farallones de Cali, pero aun así continuamos indolentes, esperando que se aparezca el súper héroe y nos organice Los Farallones.
No podemos seguir creciendo a costa del capital natural y del medio ambiente. Las estadísticas nos dejan muy mal parados. En el índice de desempeño ambiental preparado por las universidades de Columbia y Yale, Colombia pasó del noveno lugar entre ciento setenta y seis países en 2008, a la posición 85 en 2014.
No exagero al afirmar que todo lo ambiental en todos los niveles administrativos queda subordinado a los intereses sectoriales en unos casos a lo económico, en otros casos a la satisfacción política e incluso a la situación de orden público para no importunar a los actores de la guerra.
Para el caso del Valle del Cauca, la Máxima Autoridad Ambiental, C.V.C., primero piensa en satisfacer al peticionario de la autorización que pensar en la defensa del recurso natural como ha venido sucediendo con la cuenca del río Bugalagrande, la cual nos ha tocado batirnos en lo jurídico, en lo social movilizando a la comunidad a pesar que realizamos un “Cabildo Abierto” cumpliendo con los mil requisitos que se exigen para dar acatamiento con ese mandato popular constitucional.
No creo dramatizar ni actuar de fundamentalista, como nos tildan a quienes defendemos el agua, que NO existe PLAN DE DESARROLLO donde de verdad atienda en primera línea lo ambiental, queda sujeto o supeditado a lo económico, o todo quedó obedeciendo a un trámite administrativo, que debe satisfacer al poder económico imperante y lo grave es que se obedece a ilegalidades.
Ante esto no queda más que como golondrina llamando invierno continuar escribiendo, seguir hablando para que poco a poco así sea mínimo se incorpore lo ambiental en el pensamiento colectivo y en casos excepcionales logramos que en los colegios nos escuchen y se realice educación ambiental escolar.
Como éste año que recién inicia será de elección de mandatarios territoriales aspiremos ingenuamente que van a tener propuestas serías para proteger lo ambiental. ESCRIBIMOS – HABLAMOS – MARCHAMOS Y AVANZAMOS MUY POCO
Jorge Enrique González Rojas.
Jorge Enrique Gonzalez R,
Abogado especializado en Derecho Administrativo y con experiencia profesional en medio ambiente, Presidente de la Fundación Los Azahares. Defensor permanente y voluntario de la Cuenca del Rio Bugalagrande.